Cámaras trampa: así funcionan los “ojos” que revelan la vida silvestre en bosques ticos
En bosques como los del Parque Nacional Braulio Carrillo ocurren escenas que pocas veces han sido observadas por el ser humano.
Gracias a la tecnología, hoy es posible confirmar la presencia de animales como jaguares, dantas o venados en los bosques, sin intervenir su entorno. Esto se logra mediante el uso de cámaras trampa, dispositivos que permiten registrar la vida silvestre de forma discreta.
En bosques como los del Parque Nacional Braulio Carrillo ocurren escenas que pocas veces han sido observadas por el ser humano. Algunas especies dejan huellas en el barro; otras se ocultan entre hojas y ramas (ver video adjunto de Telenoticias).
Dantas, coyotes y venados —animales que van desde los más grandes hasta los más pequeños— forman parte de esas escenas que solo la tecnología ha logrado captar. Incluso se han registrado comportamientos como la reproducción de jaguares o la depredación entre especies.
Monitoreo en bosques cercanos al Braulio Carrillo
Para conocer cómo funcionan estas cámaras, un equipo se trasladó hasta La Virgen de Sarapiquí, donde se ubica un bosque que funciona como zona de amortiguamiento entre el parque nacional y fincas ganaderas cercanas.
En este sitio, la organización Fundecor mantiene un programa de monitoreo de vida silvestre. Como parte del proyecto, distribuye entre ocho y diez cámaras trampa en cada finca.
Así se instalan las cámaras
Para escoger el punto adecuado dentro del bosque, los investigadores analizan las zonas de paso de los animales.
Las cámaras se colocan aproximadamente a 50 centímetros del suelo y se aseguran contra el tronco de un árbol. El lente se orienta hacia el área donde se espera el tránsito de fauna, a una distancia aproximada de tres metros.
Además, los dispositivos se programan para que registren únicamente el movimiento de los animales y así evitar que la memoria se llene con imágenes innecesarias.
Semanas de espera en el bosque
Una vez instaladas y encendidas, solo queda esperar.
La batería de estas cámaras puede durar entre tres y seis semanas. Tras ese periodo, los investigadores regresan al bosque y, con ayuda de un GPS, localizan nuevamente cada dispositivo. Luego extraen la tarjeta de memoria y revisan en una computadora todo lo que haya ocurrido frente al lente durante ese tiempo.
Más allá de la fauna: también se estudian los árboles
El monitoreo en estas fincas cercanas al Braulio Carrillo no se limita a los animales. En el mismo sitio también se evalúa el crecimiento de los árboles. Para ello, los investigadores miden la circunferencia de cada tronco, un indicador que permite estimar su edad.
Cada árbol se identifica con una placa y la información se registra en una aplicación. El área de estudio corresponde a una parcela de 30 por 100 metros, es decir, unas 0,3 hectáreas.
La utilidad de estos estudios —tanto las imágenes captadas por las cámaras trampa como los datos sobre el crecimiento de los árboles— será abordada en una siguiente entrega.

