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Este sacerdote predica también sobre ruedas
David Solano Chaves, cura en San Antonio de Escazú, combina su labor pastoral con casi 16 años de pasión por el ciclismo.
David Solano Chaves es sacerdote residente en la iglesia de San Antonio de Escazú, donde celebra misas principalmente los sábados y domingos. Sin embargo, fuera del templo, su figura también es familiar en carreteras y senderos: desde hace casi 16 años, este vecino de Paraíso de Cartago encuentra en la bicicleta —ya sea de montaña o de ruta— una compañía constante.
El padre Solano, de 51 años, aspira a que su ejemplo fuera de la iglesia sirva de motivación para quienes consideran el ejercicio como algo inalcanzable.
“Uno con los gestos, con las acciones, le diga a la gente, mire, sí se puede, quizás el mayor reto es sacar el tiempo para disciplinadamente para salir a la bici. Yo sé que hay muchas personas que estarán viendo esta entrevista y pensarán, bueno, yo solo puedo los fines de semana, bueno, salga los fines de semana, metódicamente, sistemáticamente, yo era así”, comentó.
A lo largo de sus años sobre la bicicleta, el sacerdote ha acumulado anécdotas que difuminan la frontera entre su vocación religiosa y su pasión deportiva. Una de ellas ocurrió durante una competencia.
“Y ahí, en medio de la carrera, una persona se acercó y me dijo, padre, ¿me confiesa? Y claro, yo con gusto, ¿verdad? Llevamos caminando en una parte complicada para conducir la bicicleta y entonces ahí caminando confesé a la persona. Para mí no es excluyente la vida religiosa y la vida espiritual con la bicicleta, más bien se complementan”, explicó el sacerdote.
El padre Solano también ha participado en competencias nacionales, experiencias que le han dejado consejos aplicables más allá del deporte. Uno de ellos, recibido del ciclista Román Urbina, se convirtió en una lección de vida.
“Y en la preparación fui a hablar con Román Urbina de cuestiones de ciclismo y me dice, padre, tenga claro una cosa, cuando se pone duro, dele suave y cuando se pone suave, dele duro y yo creo que así es la vida cotidiana y así es la vida espiritual también. A veces hay momentos muy duros y uno tiene que bajar el ritmo, pero no bajarse”, concluyó.

