Por Gloriana Casasola Calderón 1 de abril de 2026, 6:30 AM

Cada vez que ocurre un crimen o un delito, agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) llegan a la escena en busca de rastros que permitan esclarecer lo sucedido y dar con los responsables. 

Entre los indicios más valiosos se encuentran las huellas humanas, consideradas uno de los aliados más precisos de la investigación criminal.

Detrás de este trabajo especializado está la lofoscopía, una ciencia forense dedicada al estudio de los patrones únicos del cuerpo humano, como las huellas de los dedos, las manos y las plantas de los pies.

Estas marcas, conocidas como crestas papilares, son irrepetibles en cada persona. Su análisis no solo permite identificar a individuos, sino también ubicarlos en lugares y momentos específicos, incluso en escenas delictivas complejas o con escasa evidencia visible.

El OIJ cuenta con una unidad especializada encargada de analizar este tipo de indicios, apoyada por una base de datos que permite comparar miles de registros en cuestión de minutos, agilizando así los procesos de identificación tanto de sospechosos como de víctimas.

Actualmente, cerca de 28 peritos trabajan en esta unidad en San José, con el respaldo de al menos 11 especialistas adicionales distribuidos en distintas regiones del país.

Ante un hecho delictivo, las autoridades insisten en la importancia de no tocar ni alterar la escena, ya que cualquier contaminación puede comprometer la evidencia y dificultar el trabajo forense.

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