El joven que decidió no dejar morir el boyeo y hoy lo mantiene vivo en Escazú
En Bebedero de Escazú, Rodrigo Sandí representa una nueva generación que apuesta por preservar el boyeo como parte de la identidad cultural costarricense.
En las alturas de Bebedero de Escazú, donde el paisaje todavía conserva la cadencia del campo, la jornada comienza temprano y con un propósito claro. Rodrigo Sandí prepara a sus bueyes con una precisión que no responde solo a la práctica, sino a una herencia que decidió asumir como propia.
Su historia no es la de alguien que descubre una tradición, sino la de quien crece dentro de ella. El boyeo llegó a su vida de la mano de su abuelo y su padre, quienes le enseñaron no solo la técnica, sino también el significado que esta práctica guarda en la memoria rural del país. Cada movimiento, cada indicación, cada jornada tiene detrás una cadena de transmisión que no se interrumpe.
El boyeo, reconocido como Boyeo y la carreta costarricense, forma parte de una historia que se remonta al siglo XIX, cuando era esencial para el transporte de café y el desarrollo de la economía agrícola. Hoy, su permanencia depende de decisiones individuales, de quienes eligen sostenerlo aun cuando el contexto cambia.
Rodrigo es parte de esa decisión. Aunque se proyecta como estudiante y sueña con convertirse en contador, no concibe su futuro desligado de lo que aprendió en el campo. En su caso, no hay ruptura entre aspiración y tradición, sino un intento por hacerlas convivir.
Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo se vive el boyeo en la actualidad, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

