Por Sebastián Durango 8 de abril de 2026, 18:45 PM

En Turrubares de Alajuela, donde la tierra marca el ritmo de los días, hay historias que no se cuentan en años, sino en jornadas. La de doña Socorro Espinoza es una de ellas. A sus 86 años, sigue levantándose con la misma determinación con la que ha vivido gran parte de su vida: trabajando el campo.

Su historia no empezó ahí. En algún momento, soñó con ser médica, pero el camino tomó otra dirección. La necesidad de sostener a su familia la llevó a la agricultura, y en ese terreno encontró no solo una forma de subsistir, sino también una manera de construir.

Con el paso del tiempo, la tierra dejó de ser únicamente un medio y se convirtió en un espacio de sentido. Cada siembra, cada cosecha, cada jornada bajo el sol fue también una forma de acompañar a sus hijos, de sostener su hogar y de darle continuidad a una vida marcada por el esfuerzo.

Hoy, lejos de detenerse, mantiene esa misma rutina. No como obligación, sino como elección. En el campo encuentra una forma de mantenerse activa, de seguir conectada con el entorno y de afirmar, cada día, que el tiempo no define la voluntad.

Su presencia no pasa desapercibida. En una época donde muchas actividades se abandonan con los años, su constancia adquiere otro significado. Es una forma de demostrar que la edad no necesariamente impone un límite, sino que puede redefinir el ritmo.

Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo se vive el día a día en el campo a sus 86 años, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

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